Esta noche estuve de viaje. No sé si era en tren, bus o coche, pero viajé. Iba a Málaga. Y me daba cuenta de lo solo que se está fuera de casa. Lo único que viven en Málaga son un par de demonios internos míos que, sin hacerme sentir incómodo, me dejan impasivo.
Iban a ir conmigo, pero me dijeron que me adelantase. Pero después nadie vino. El viaje era una broma. Alguien pensaba que era muy gracioso mandar a alguien a Málaga solo para que cuando esperase a alguien, tuviese que darse cuenta solo de que no iría nadie más. Estaba en mitad de ninguna parte, sabiendo que, salvo esas dos personas que casi diría que odio, no conocía a nadie.
En otras circunstancias, habría intentado conocer a alguien. Habría intentado hacerme al terreno, camuflarme, ser parte del todo, moverme armoniosamente, como puede moverse una gota de agua en medio del mar. Pero yo soy yo, mis tonterías, mis estupideces y, ante todo, mis circunstancias.
Después desaparecí. Nadie sabe dónde estaba, ni yo sabía dónde estaba nadie, incluido yo mismo. Solo veía un escenario, a mis pies. Se extendía inmenso sobre el suelo. Solo había espacio a mis espaldas, estaba al borde, por mucho que retrocediese. Es el primer escenario en el que estoy que me ha provocado vértigo. Me giraba 180º y el espacio se colocaba a mi espalda siempre, como mi sombra, sin que pudiese girarme para verlo. Sabía que estaba allí, era consciente, pero no había forma de llegar. Porque ese espacio ya está caminado, lo que queda delante, que no es nada, es lo que tengo que caminar aún.
Imagino que tendré que apoyar el pie en el vacío con la convicción suficiente para que se formen los tablones, para que el escenario se extienda bajo mis pies. Pero no tengo ni seguridad para avanzar, ni motivos.
La verdad, ha sido una suerte que todo fuese un sueño. Jamás me he alegrado tanto de despertarme escuchando a mi hermana poniéndome a parir de fondo.
Aunque bien mirado, la vida es sueño, y según escribía todo esto me he dado cuenta de que las metáforas que mi mente es incapaz de proponer conscientemente lo hace en sueños. Y me estremecen por dentro, hace que me tiemble hasta el alma, si es que sigo gastando de esas.
Por hoy ya está bien. Total, no sé para qué tengo un blog, si no aporta nada a nadie. Ni a mí mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario