6.11.16

La pecera



En ese recipiente cristalino pero de espesor variable vivían sus metáforas. Nadaban, tranquilas, protegiendo, encubriendo, enturbiando y rodeando a su ánimo.

Gris, plano, monótono, indiferente y un poco triste; como la niebla ligera en un día nublado con un poco de viento. Pero el viento no tiraba las hojas de los árboles, no helaban los charcos porque el frío no podía combatir el calor de la niebla, pero este calor no podía crecer por las nubes. La temperatura se perdía, el universo tiende a la entropía. Neutro, como el agua, era su ánimo, para bien y para mal.

Pero precisamente el agua se revolvió cuando entró un gran pez. Se comió sus metáforas,  desnudó su ánimo y trajo un candor que ya creía olvidado; una calidez en sus labios, en sus abrazos, en su mirada, en su voz, en sus formas, en su pez, con su mierda, con su preciosa mierda. 
Un fuego pacía cálidamente por su lomo, un rojo fuego que apareció envolviendo al pez, rodeando sus ojos.
Su tacto era suave como el terciopelo pese a ser un pez, y su mirada albergaba toda la profundidad del más inmenso de los océanos del conocimiento. Era un pez precioso: majestuoso, omnipresente, omnipotente, maravilloso, sencillamente genial. 
Como un mar tempestuoso mostrando toda su fuerza.

Y de repente las nubes parecían escampar, las pastillas tenían el triple de efecto y la vida pintaba casi tan maravillosa como ella. Pero si la inmensidad del océano se veía en la mirada del pez, los siete mares brotaron de las ventanas de su alma.

Nacieron lagos azules alrededor de sus ojos y desapareció entre los charcos que el propio pez creó. Desapareció de la pecera y lo buscó, lo buscó, lo buscó; sin éxito, sin éxito. Sin éxito.
Desconocía todo lo que pudo conocer. Y por ello llamó a quien creyó que podía conocerlo, le contó todo cuanto pudiese ayudar a encontrarlo pero no lo vieron más que una vez, cuando el pez se recostó sobre sus brazos. 
Lo dejó descansar y cuando volvió, el pez ya no estaba. De nuevo.

Si bien estuvo solo y podría volver a ello, siguió buscando al pez. Porque entre las aletas del pez se sentía mejor y sentía al pez más feliz cuando lo tenía entre sus brazos.
Echó un mensaje en una botella, lo tiró al mar gritando por favor y rogando a Poseidón que su pez supiese leer.

Entrada escrita bajo la influencia de:
Mogwai - Take Me Somewhere Nice
Chet Baker - Almost Blue
Frédéric Chopin - Nocturne n.20 in C# minor B.49
Chet Baker - Everytime We Say Goodbye
Chet Baker - Summertime
Chet Baker - Tenderly