16.4.16

Crónica de un nocturno en no menor



3:21.
No es una cuenta atrás. Es la hora.
40 minutos pasan. No quiero leer. No quiero escribir. Quiero escribir. No puedo.
Hace frío. En el alma. O no. No lo sé. Se levantó. Es la hora. Estaría bien saber algo, de vez en cuando. Por variar. Aunque solo sea por variar. Por sentir algo nuevo. Por escuchar otra canción en la cabeza. Echo de menos las certezas. O las cortezas. No estoy seguro. Otra vez. Otra puta vez.
Creo que el día que escriba una frase que ocupe más de una línea me van a dar un premio. Hablo de Word, no en Blogspot. Soy un triste, sí. Son las 5 de la mañana. Largas. Y medias. Medias con un liguero, perfume barato y zapatos de charol. Borracheras, ibuprofeno, resacas de café y té. Mentas negras, alquitrán, bajando por la garganta. "Me siento dios". Pero dios está muerto.
Dios está muerto y son casi las 7. Ha muerto, resucitado y se ha metido dos cajas de ibuprofenos. Está tumbado, en la bañera, con la cabeza tirada sobre un gel. O un champú. No más lágrimas. Y efectivamente ya no lloraba.
No había más lágrimas porque tampoco había pulso. Y sin pulso, no hay erección. Y ciertamente, no se levantó, ahí quedó, y la crónica de la velada fue eterna, como su propia noche.
Amaneció.

10.4.16

De recitales va la cosa

Ha sido ir a un recital y tener ganas de escribir otra vez.
"Pues anda, que vienes a escuchar mi mierda para animarte, estamos cojonudos"
Y valga la ironía, querido lector, el recitante tiene toda la razón. Dejé de beber para terminar de emborracharme. Werner Heisenberg enunció, en términos de física cuántica, que cuanto más se busque determinar la posición de una partícula, más imprecisas sus propiedades, sus movimientos, su masa, su velocidad.
Esto, aplicado a las personas, no tiene sentido alguno, pero me siento parecido. Será que me estoy volviendo partícula. No sé quién soy, no sé qué me pasa, no sé a dónde voy. Lo único que en teoría conozco es que estoy en "casa". Entrecomillada y cursiva porque si esta es mi casa, esa pared de ahí es mi cama, y, por qué no, el techo podría ser mi sofá
Supongo que no puedo decir que no sepa dónde estoy. Se dónde NO estoy. La respuesta es "no donde quiero estar".

Y la nueva pregunta a hacerse sería esa, ¿dónde quiero estar? Y aquí, toda contestación va precedida, es formada y seguida por un sepulcral silencio. Es tan denso, tan profundo, que podría cortar un trozo y mascarlo para meterlo en las bocas cuyos sonidos me molestan, que, todo sea dicho, no son pocas. Y aún así me sobraría silencio.

Estoy harto. Harto de no saber más que nada. De que me pregunten, de preguntarme yo, de que toda respuesta sea silencio, la afirmación del desconocimiento en el más favorable de los casos, una negación de hipótesis ajena, y volver a sentar mi maldito trasero en el maldito suelo.
Durante horas.

Me pregunta qué es lo que pienso. Y no lo sé.
Me pregunta qué siento. Tampoco tengo la más mínima idea.

Será que no pienso.
Será que no hay nada que pensar.
Será que no siento.
Será que no hay nada que sentir.

Y yo me planteo... ¿estoy en un vacío existencial, fuera de toda posible observación?
¿La respuesta? Una vez más, "no lo sé", después un largo silencio, y antes de otro más largo aún.

No sé qué es esto. No sé dónde estoy. Sé que no quiero estar. Por favor, que alguien me saque de aquí antes de que deje de estar, en el más general de los sentidos.

Es curioso cómo se puede repetir tanto el verbo saber en un mismo texto, sin tan siquiera estar seguro de lo que significa.

Este texto va dedicado para quien ya no tiene cinco años y la chica de color azul.

Canciones usadas para escribir este texto, por orden:

Pink Floyd - Speak
Pink Floyd - Breathe
Pink Floyd - Any Colour You Like 
Pink Floyd - Us and Them
CocoRosie - Fairy Paradise
Mogwai - Take Me Somewhere Nice