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17.2.17

Perdámonos

Cuando estoy sobrio, consciente, lúcido... me fascina, me ablanda, me hace querer llorar de alegría la manera en la que cierta gente sigue estando ahí para dar un apoyo en todo momento.
Desde lejos, pero tan cerca que me duele. Con pocas palabras, pero analgésicas.

Supongo que es una suerte que no todo el mundo tiene. Y como buen afortunado la ignoro, no la valoro, y en mis cábalas le doy la vuelta mil veces. Juro que no quiero, y esto lo escribo triste, pero sobrio.

Cada día veo más ebria la sobriedad, y más desdibujada la ansiedad por los extremos. Antes ni alcanzaba a ver el borde. Ahora las placas crecen, y he llegado a estar sobre él. Pero no veo.
Porque puedo estar y estaré en la mismísima ciudad de las luces siendo un ciego, porque no hay luz que ilumine, sólo que brille. Sus reflejos da tanta luz como sea necesaria, pero no puedo vivir apantallado, con un paraguas entre mi mente y mis ideas.
¿Tan complicado es segmentar en tres cajones teninendo veinte separadores?


Por suerte o por desgracia no acostumbro estar sobrio (y cada vez menos), de manera que estas sensaciones se me escapan como el aire entre los dedos, porque en esos momentos la culpa es dueña y señora de mi mente, por llamarla de alguna manera. Porque un tablón roto en el camarote no se puede llamar timón.

Como siempre, Take me somewhere nice, de Mogwai. Eso y Chet Baker, pero Almost Blue se me queda muy corto. Completely Blue más bien.


Siento si este texto tiene fallos gramaticales, de coherencia o sencillamente es una basura. Me estoy cayendo de sueño, y lo que no es sueño, es tristeza.
Edit: He revisado el texto. No he cambiado ni una palabra de contexto, más que un par de letras colocadas al revés y alguna conjunción repetida. Sigue siendo una porquería, pero al menos es "coherente".
Aunque esté todo bien.

Nota: Cuando digo ebriedad no me refiero a alcohol.

6.11.16

La pecera



En ese recipiente cristalino pero de espesor variable vivían sus metáforas. Nadaban, tranquilas, protegiendo, encubriendo, enturbiando y rodeando a su ánimo.

Gris, plano, monótono, indiferente y un poco triste; como la niebla ligera en un día nublado con un poco de viento. Pero el viento no tiraba las hojas de los árboles, no helaban los charcos porque el frío no podía combatir el calor de la niebla, pero este calor no podía crecer por las nubes. La temperatura se perdía, el universo tiende a la entropía. Neutro, como el agua, era su ánimo, para bien y para mal.

Pero precisamente el agua se revolvió cuando entró un gran pez. Se comió sus metáforas,  desnudó su ánimo y trajo un candor que ya creía olvidado; una calidez en sus labios, en sus abrazos, en su mirada, en su voz, en sus formas, en su pez, con su mierda, con su preciosa mierda. 
Un fuego pacía cálidamente por su lomo, un rojo fuego que apareció envolviendo al pez, rodeando sus ojos.
Su tacto era suave como el terciopelo pese a ser un pez, y su mirada albergaba toda la profundidad del más inmenso de los océanos del conocimiento. Era un pez precioso: majestuoso, omnipresente, omnipotente, maravilloso, sencillamente genial. 
Como un mar tempestuoso mostrando toda su fuerza.

Y de repente las nubes parecían escampar, las pastillas tenían el triple de efecto y la vida pintaba casi tan maravillosa como ella. Pero si la inmensidad del océano se veía en la mirada del pez, los siete mares brotaron de las ventanas de su alma.

Nacieron lagos azules alrededor de sus ojos y desapareció entre los charcos que el propio pez creó. Desapareció de la pecera y lo buscó, lo buscó, lo buscó; sin éxito, sin éxito. Sin éxito.
Desconocía todo lo que pudo conocer. Y por ello llamó a quien creyó que podía conocerlo, le contó todo cuanto pudiese ayudar a encontrarlo pero no lo vieron más que una vez, cuando el pez se recostó sobre sus brazos. 
Lo dejó descansar y cuando volvió, el pez ya no estaba. De nuevo.

Si bien estuvo solo y podría volver a ello, siguió buscando al pez. Porque entre las aletas del pez se sentía mejor y sentía al pez más feliz cuando lo tenía entre sus brazos.
Echó un mensaje en una botella, lo tiró al mar gritando por favor y rogando a Poseidón que su pez supiese leer.

Entrada escrita bajo la influencia de:
Mogwai - Take Me Somewhere Nice
Chet Baker - Almost Blue
Frédéric Chopin - Nocturne n.20 in C# minor B.49
Chet Baker - Everytime We Say Goodbye
Chet Baker - Summertime
Chet Baker - Tenderly

10.4.16

De recitales va la cosa

Ha sido ir a un recital y tener ganas de escribir otra vez.
"Pues anda, que vienes a escuchar mi mierda para animarte, estamos cojonudos"
Y valga la ironía, querido lector, el recitante tiene toda la razón. Dejé de beber para terminar de emborracharme. Werner Heisenberg enunció, en términos de física cuántica, que cuanto más se busque determinar la posición de una partícula, más imprecisas sus propiedades, sus movimientos, su masa, su velocidad.
Esto, aplicado a las personas, no tiene sentido alguno, pero me siento parecido. Será que me estoy volviendo partícula. No sé quién soy, no sé qué me pasa, no sé a dónde voy. Lo único que en teoría conozco es que estoy en "casa". Entrecomillada y cursiva porque si esta es mi casa, esa pared de ahí es mi cama, y, por qué no, el techo podría ser mi sofá
Supongo que no puedo decir que no sepa dónde estoy. Se dónde NO estoy. La respuesta es "no donde quiero estar".

Y la nueva pregunta a hacerse sería esa, ¿dónde quiero estar? Y aquí, toda contestación va precedida, es formada y seguida por un sepulcral silencio. Es tan denso, tan profundo, que podría cortar un trozo y mascarlo para meterlo en las bocas cuyos sonidos me molestan, que, todo sea dicho, no son pocas. Y aún así me sobraría silencio.

Estoy harto. Harto de no saber más que nada. De que me pregunten, de preguntarme yo, de que toda respuesta sea silencio, la afirmación del desconocimiento en el más favorable de los casos, una negación de hipótesis ajena, y volver a sentar mi maldito trasero en el maldito suelo.
Durante horas.

Me pregunta qué es lo que pienso. Y no lo sé.
Me pregunta qué siento. Tampoco tengo la más mínima idea.

Será que no pienso.
Será que no hay nada que pensar.
Será que no siento.
Será que no hay nada que sentir.

Y yo me planteo... ¿estoy en un vacío existencial, fuera de toda posible observación?
¿La respuesta? Una vez más, "no lo sé", después un largo silencio, y antes de otro más largo aún.

No sé qué es esto. No sé dónde estoy. Sé que no quiero estar. Por favor, que alguien me saque de aquí antes de que deje de estar, en el más general de los sentidos.

Es curioso cómo se puede repetir tanto el verbo saber en un mismo texto, sin tan siquiera estar seguro de lo que significa.

Este texto va dedicado para quien ya no tiene cinco años y la chica de color azul.

Canciones usadas para escribir este texto, por orden:

Pink Floyd - Speak
Pink Floyd - Breathe
Pink Floyd - Any Colour You Like 
Pink Floyd - Us and Them
CocoRosie - Fairy Paradise
Mogwai - Take Me Somewhere Nice