Como si fuese una pieza de Beethoven con el título tornado, inicia una canción, una melodía, un ritmo, una cadencia. Suenan sueños, sueñan sonidos, lucen noches estrelladas y hay sombras en los días.
Los pájaros vuelan sobre nuestras cabezas, el arrullo de las olas canta a nuestro lado, pero frente a frente sólo estamos nosotros.
Dos mares del sur, profundos pero someros, tempestuosos pero calmados. Con una carta de emociones mayor que el universo. Todo depende de si están mirándome desde la costa, invitándome a mojarme, o cara a cara, entre sábanas.
Los mares son idénticos, inundan mi cuerpo y mojan cada centímetro de mi piel con su mirada. Me hacen romper mis clichés, destrozar mis odios, amar el calor y virar al sur, mirar al mar y olvidar la montaña. Todo ello con gran gusto. Solo hay una cosa mejor que tener principios, y es que sean capaces de vencer a incoherencias internas. Cuando un principio rompe a otro hay sensación de limpieza.
Pesa sombre los hombros la satisfacción, igual que ponerse a alguien encima mientras... dejemos correr la imaginación.
Pero es un peso que gustosamente llevaría en la espalda. Un saco para sembrar la felicidad en tu mente. Si pudiese lo llenaría con todas las semillas del mundo, pesasen cuanto pesasen, y araría tu rostro cada segundo con las yemas de mis dedos. Regaría los surcos cada instante para que nunca faltase agua.
Todo ello por ley de acción-reacción. Es un peso inverso. Labrarte es un trabajo que genera una fuerza de vuelta, que me eleva. Vuela entre las nubes, en el azul del cielo, en el azul del mar.
Al final resulta que quiero ser como Ícaro, y volar el paraíso. Sólo pido que esta fábula, al contrario que la de Ícaro, no acabe en tragedia. Quién me iba a decir que yo, amante de las tormentas, querría volar cada día al silencio del sol, hacia la luz más celeste, a lo más alto.
Si no cada día, no menos que cada quincena. Cada luna llena, cada luna nueva, baja la marea, suben tus ideas.
'Fortnight' en inglés, de las noches hagamos un fortín, de los días nuestras páginas, y del tiempo tejamos la costura. Porque cerca, cerca, y nada más que cerca siento tus alas.
Y de vez en cuando, confusos mares miran con dudas desde lo más bello del universo. Es normal, sólo pido confianza y tiempo. Con el paso del tiempo, la siembra será mejor, mejor que nada, mejor que todo. Solo tú serás mejor que la siembra.
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31.7.17
6.11.16
La pecera
En ese recipiente cristalino pero de espesor variable vivían
sus metáforas. Nadaban, tranquilas, protegiendo, encubriendo, enturbiando y
rodeando a su ánimo.
Gris, plano, monótono, indiferente y un poco triste; como la
niebla ligera en un día nublado con un poco de viento. Pero el viento no tiraba
las hojas de los árboles, no helaban los charcos porque el frío no podía
combatir el calor de la niebla, pero este calor no podía crecer por las nubes.
La temperatura se perdía, el universo tiende a la entropía. Neutro, como el
agua, era su ánimo, para bien y para mal.
Pero precisamente el agua se revolvió cuando entró un gran
pez. Se comió sus metáforas, desnudó su
ánimo y trajo un candor que ya creía olvidado; una calidez en sus labios, en
sus abrazos, en su mirada, en su voz, en sus formas, en su pez, con su mierda,
con su preciosa mierda.
Un fuego pacía cálidamente por su lomo, un rojo fuego
que apareció envolviendo al pez, rodeando sus ojos.
Su tacto era suave como el terciopelo pese a ser un pez, y
su mirada albergaba toda la profundidad del más inmenso de los océanos del
conocimiento. Era un pez precioso: majestuoso, omnipresente, omnipotente,
maravilloso, sencillamente genial.
Como un mar tempestuoso mostrando toda su
fuerza.
Y de repente las nubes parecían escampar, las pastillas
tenían el triple de efecto y la vida pintaba casi tan maravillosa como ella. Pero
si la inmensidad del océano se veía en la mirada del pez, los siete mares
brotaron de las ventanas de su alma.
Nacieron lagos azules alrededor de sus ojos y desapareció
entre los charcos que el propio pez creó. Desapareció de la pecera y lo buscó,
lo buscó, lo buscó; sin éxito, sin éxito. Sin éxito.
Desconocía todo lo que
pudo conocer. Y por ello llamó a quien creyó que podía conocerlo, le contó todo
cuanto pudiese ayudar a encontrarlo pero no lo vieron más que una vez, cuando el pez se recostó sobre sus brazos.
Lo dejó descansar y cuando volvió, el pez ya no estaba. De nuevo.
Si bien estuvo solo y podría volver a ello, siguió buscando
al pez. Porque entre las aletas del pez se sentía mejor y sentía al pez más feliz cuando lo tenía entre sus brazos.
Echó un mensaje en una botella, lo tiró al mar gritando por favor y rogando a Poseidón que su pez supiese leer.
Entrada escrita bajo la influencia de:
Mogwai - Take Me Somewhere Nice
Chet
Baker - Almost Blue
Frédéric
Chopin - Nocturne n.20 in C# minor B.49
Chet
Baker - Everytime We Say Goodbye
Chet
Baker - Summertime
Chet
Baker - Tenderly
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