Mostrando entradas con la etiqueta jueves. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jueves. Mostrar todas las entradas

7.8.14

Non-winged flight

Supongo que no se puede mantener el vuelo si no hay nada que te sostenga. Alas. O lo que quiera que sea. Puedes elevarte, pero lo que pretendes que sea un vuelo, que te lleve lejos, a otras tierras, a otros mundos, salir de tu universo aleteando, mirándolo como pidiendo perdón. No es su culpa, será tuya, pero no es aquí donde debo estar.

Esa elevación, mientras giras la cabeza con la mirada preparada, se termina antes de que nadie se dé cuenta de que te has levantado. Tú querías volar y has dado un saltito. Pero aterrizas en el mismo sitio, solo que pisas mal, resbalas y te caes. Ruedas ladera abajo. Te encuentras con elementos tan naturales como la gente. Gente como piedras que te hacen daño, gente como el barro, te acelera, gente como las hojas, que te ayudan a amortiguar la caída. Gente como charcos de agua, pequeños riachuelos, que te ralentizan un poco, aunque también te dan tiempo para pensar. Y te limpian. Y gente como pequeños animales que, asustados, intentan atacarte, pensando que tienes algo en contra de ellos.

Y llegas al final de la ladera. Te encuentras magullado, confuso, desorientado, no recuerdas bien cómo has llegado allí, pero eres incapaz de olvidar que no es tu sitio. Que no es tu mundo. Que eres un extraterrestre camuflado en un cuerpo antropomorfo. Olvidas todo, salvo eso. Ya no sabes ni tu propio nombre, si alguna vez tuviste alguno.

Ya no conoces más que el fracaso y esa maldita sensación de no ser de este planeta. El mundo vive en tres dimensiones y se mueve en una. Tú te mueves en tres o cuatro. Y según el momento vives en veinte, cuarenta y dos, tres o una. Recuerdas cómo ibas a huir, volando, a despegar para jamás volver, para jamás aterrizar. Pero algo salió mal y viste la realidad. Nada de huidas, nada de vuelos.

Ahora estás en la parte baja de la ladera. Todo el mundo está arriba. Abajo sigues estando en el sitio equivocado, pero ahora también estás solo. Buscabas un lugar mejor y tan solo has conseguido silencio y soledad. Por un lado, no está tan mal, hay calma. Sigues con tus sensaciones de no pertenecer aquí, pero al menos no hay personas que te lo evidencian.

Y aún así, echas de menos esa gente, la misma que te lo evidencia, pero que lo intenta arreglar consolándote. No suele servir de nada, nunca sirve de nada, pero lo echas de menos.

Ahora cuesta asumirlo. Es difícil asumir algo tan sencillo. Es como asumir tu propia muerte, el concepto es sencillo, es algo inevitable, pero... ¿quién es el guapo, o la guapa, que está preparado o preparada para asumir, para aceptar, algo tan sencillo y tan inmenso sin preparación previa? Sin meditar, entenderlo todo, verlo, ser capaz de identificar cada elemento, y no mover ni un músculo para evitarlo, conscientemente. Nadie, supongo que nadie. Pues algo así sucede con los saltos que iban a ser vuelos. No consigues asimilarlo, aunque sea sencillo lo que sucede, no lo es tanto interiorizarlo y ser consciente.

Supongo que me gusta ser un inconsciente. Es la única forma de llevarme alguna sorpresa de cuando en cuando.





If I had to name that jump... maybe, it would be nice to call it non-winged flight.

3.7.14

Caos

Será que no será, que lo que fue, no es, y lo que no era, se ha tornado palpable y real. Irreal, sin embargo, es cómo ha cambiado todo. Hace un tiempo estaba cómodamente sentado, frente al espejo, esperando ver los cambios súbitamente, esperando que mi propia naturaleza me sorprendiese a mí mismo.
Y durante semanas no observé el más mínimo cambio.
Durante meses, todo siguió igual.
Pero entonces, escuché un chasquido. Era el asiento, había soltado un quejumbroso crujido. Retiré la mirada una milésima de segundo y cuando volví, no era el mismo. No sabía qué había cambiado, pero el cambio era brutal, aunque fuese incapaz de percibirlo con la vista. Intentaba concentrarme en otros posibles cambios, en lo nuevo, pero solo intentaba averiguar qué había cambiado. Mi propia naturaleza estaba jugueteando, divirtiéndose despistando a mi conciencia.
Cuando pensé que no me podría distraer más, apareció ella. Y aún no sé nada prácticamente, pero ahí estaba. Lejos, supongo, y a la vez tan cerca. Sé que no sé nada de ella. Y de eso, al contrario que cierto griego, estoy muy seguro. Segurísimo. Bueno, no, no estoy seguro, porque sé una cosa más. Y es que ella me da una cosa que llevaba sin notar mucho tiempo.
Ella me da alas.
Y sé que siempre que he tenido alas he acabado estrellándome contra el suelo gracilmente, como un suicida cualquiera que se lanzó desde el piso más alto del Empire State Building el jueves negro. Casualmente, hoy, sin estar en 1929, también es jueves. No sé si es negro, pero es jueves. Y aunque tenga seguro que cataré el sabor del asfalto, tarde o temprano, quiero elevar el vuelo. Pero si no viene ella, no podré emprender el vuelo. Ya, si tengo que caer, que sea cuanto más tarde, mejor.

Al final, Leonardo tenía razón:

"Una vez hayas probado el vuelo siempre caminarás por la Tierra con la vista mirando al Cielo, porque ya has estado allí y allí siempre desearás volver."