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5.6.17

Luces de Bohemia

Esto no tiene relación con Valle Inclán, ni con ningún otro valle que no sea el de mi vida. Si los valles también son conocidos como depresiones es porque son puntos bajos, no porque tengan ninguna enfermedad.

Bohemia es una zona de por ahí, en la Rep. Checa, conocida por dar muchos tontos bohemios y un cristal muy bonito. Ahora, ¿qué pasa cuando a un cristal muy fino se le aplica el vacío?

Se rompe.
Igual que la oscuridad de mi cuarto cuando alguien enciende la luz en el pasillo, unos rayos de luz entran por debajo de la puerta rompiendo todo la negra imposición en el orden visual. La luz, que en literatura suele ser una figura con lecturas positivas, me acuchilla los ojos, me taladra la mente y me hace exteriorizar el caos interno.

No va a ningún lado este texto, hablando de retórica engañosa, de cómo la luz arrojó dolor y la oscuridad era el más potente de los analgésicos y como si fuese yo la homeopatía, me diluyese en ese mar de negrura.

Hay vacío, se rompe un poco y aparecen puntos bajos: el cristal está deprimido y fragmentado. Ya no sirve, y estéticamente se ha echado a perder. Destrozáis todo lo que tocáis, ni miréis la vajilla. Es consternante el sonido de los trozos al caer en la bolsa de basura. Una triste melodía se deja escuchar del ligero estruendo del vidrio en la oscuridad, una canción que sólo llama a la presión de aquello desaparecido, dejando vacío tras de sí.

Roto, en una bolsa, oscuro, en silencio, el vidrio de Bohemia encuentra la más afín de las analogías a la calma. El propio vidrio no lo sabe es cristal, no posee la capacidad de saber cosas. Sólo la omnisciencia del narrador puede aportar ese detalle, quizás acertada, quizás reflejando en el vidrio sus propias ideas. El narrador muere, el vidrio también, y ambos se sumen en el silencio, se funden en negro y se hacen añicos por la presión.

Bien pensado, tengo una cosa en común con la homeopatía: ninguno de los dos funcionamos.

Entrada escrita bajo la influencia de:
- Un ahogado dolor de cabeza.
- La sensación de echar de menos a gentes, momentos y lugares, en ese orden.

Por si lees esto, feliz cumpleaños, aunque sea ya con 6 días de retraso.

7.8.14

Non-winged flight

Supongo que no se puede mantener el vuelo si no hay nada que te sostenga. Alas. O lo que quiera que sea. Puedes elevarte, pero lo que pretendes que sea un vuelo, que te lleve lejos, a otras tierras, a otros mundos, salir de tu universo aleteando, mirándolo como pidiendo perdón. No es su culpa, será tuya, pero no es aquí donde debo estar.

Esa elevación, mientras giras la cabeza con la mirada preparada, se termina antes de que nadie se dé cuenta de que te has levantado. Tú querías volar y has dado un saltito. Pero aterrizas en el mismo sitio, solo que pisas mal, resbalas y te caes. Ruedas ladera abajo. Te encuentras con elementos tan naturales como la gente. Gente como piedras que te hacen daño, gente como el barro, te acelera, gente como las hojas, que te ayudan a amortiguar la caída. Gente como charcos de agua, pequeños riachuelos, que te ralentizan un poco, aunque también te dan tiempo para pensar. Y te limpian. Y gente como pequeños animales que, asustados, intentan atacarte, pensando que tienes algo en contra de ellos.

Y llegas al final de la ladera. Te encuentras magullado, confuso, desorientado, no recuerdas bien cómo has llegado allí, pero eres incapaz de olvidar que no es tu sitio. Que no es tu mundo. Que eres un extraterrestre camuflado en un cuerpo antropomorfo. Olvidas todo, salvo eso. Ya no sabes ni tu propio nombre, si alguna vez tuviste alguno.

Ya no conoces más que el fracaso y esa maldita sensación de no ser de este planeta. El mundo vive en tres dimensiones y se mueve en una. Tú te mueves en tres o cuatro. Y según el momento vives en veinte, cuarenta y dos, tres o una. Recuerdas cómo ibas a huir, volando, a despegar para jamás volver, para jamás aterrizar. Pero algo salió mal y viste la realidad. Nada de huidas, nada de vuelos.

Ahora estás en la parte baja de la ladera. Todo el mundo está arriba. Abajo sigues estando en el sitio equivocado, pero ahora también estás solo. Buscabas un lugar mejor y tan solo has conseguido silencio y soledad. Por un lado, no está tan mal, hay calma. Sigues con tus sensaciones de no pertenecer aquí, pero al menos no hay personas que te lo evidencian.

Y aún así, echas de menos esa gente, la misma que te lo evidencia, pero que lo intenta arreglar consolándote. No suele servir de nada, nunca sirve de nada, pero lo echas de menos.

Ahora cuesta asumirlo. Es difícil asumir algo tan sencillo. Es como asumir tu propia muerte, el concepto es sencillo, es algo inevitable, pero... ¿quién es el guapo, o la guapa, que está preparado o preparada para asumir, para aceptar, algo tan sencillo y tan inmenso sin preparación previa? Sin meditar, entenderlo todo, verlo, ser capaz de identificar cada elemento, y no mover ni un músculo para evitarlo, conscientemente. Nadie, supongo que nadie. Pues algo así sucede con los saltos que iban a ser vuelos. No consigues asimilarlo, aunque sea sencillo lo que sucede, no lo es tanto interiorizarlo y ser consciente.

Supongo que me gusta ser un inconsciente. Es la única forma de llevarme alguna sorpresa de cuando en cuando.





If I had to name that jump... maybe, it would be nice to call it non-winged flight.